BALLENAS (I)

01 mayo 2008

Tengo un animal fetiche, lo reconozco... bueno, me encantan todos los animales, incluso los insectos me hacen gracia... pero las ballenas despiertan en mí algo muy especial.
Tengo una imagen grabada a fuego, de hace dos años, en el L'oceanogràfic de Valencia. En la zona del ártico viven dos ballenas belugas, Kairo (macho) y Yulca (la hembra). Cuando yo fui Yulca estaba embarazada de casi 10 meses (el embarazo de este tipo de ballenas dura 16-17 meses). La sala desde la que se podía ver a las ballenas estaba a reventar de gente, sobre todo padres con sus hijos. Yulca estaba dando vueltas en el agua, jugando... acercándose al cristal cuando la gente la llamaba con las manos... me daba la impresión de que sonreía y se divertía. De repente un bebé, de menos de un año comenzó a llorar a grito pelado, su madre lo tenía en brazos, y estaba junto a la cristalera. Y Yulka se acercó a donde estaba la madre con su bebé, se irguió y comenzó a mover una aleta, mirando al bebé. Cualquiera, al leer esto, pensará que es pura casualidad o que el ruido llamó su atención (me inclino más por la segunda opción). Pero se sabe que las ballenas tienen un instinto maternal muy desarrollado (aunque las belugas se salgan un poco de esta afirmación: el 58% de las crías mueren al nacer, para que las madres "aprendan"). Aún así, me gusta pensar que el instinto le hizo acercarse y reconocer el dolor o la pena de otra cría....
Seis meses después Yulca dio a luz a un macho de 90 kilos, pero no sabía como cuidarle... no le dio de mamar, su sistema inmunitario se deprimió y al mes murió... sus cuidadores dicen que al final había aprendido algo de lo que tenía que hacer, pues no les dejaba acercarse a la cría. Nadie nace sabiendo, ni siquiera por instinto.

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