miércoles 4 de noviembre de 2009

Bajo la lluvia - Juana de Ibarborou






¡Cómo resbala el agua  por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone  en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy,  senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene... me mira... nos sentimos amigos...
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de ni
eve.

Kali

Su piel azul, perlada de agua y sal refulgía ante el fuego, nos habíamos dado un baño en las heladas aguas del Índico, dejando que el océano comenzara la limpieza.
De pie, una frente a la otra... en medio el fuego, y sobre nuestras cabezas el cielo tachonado de estrellas como testigo. Es inevitable sentirse inmensamente pequeña... ella es Tierra, Aire, Agua y Fuego, el Todo. Se oye el rugir de las olas, ir y venir, y sabes que es su sangre, aspiras el aire y sientes la calidez de su aliento, miras el fuego y ardes bajo su mirada... te sostienes en la tierra y es su piel la que te sostiene.

"Nada puede nacer de nuevo sin ser antes destruido. Para renacer deberás reducirte a cenizas. Yo soy la madre dadora de vida, yo soy la madre destructora. Soy muerte y soy vida"

La brisa marina trajo a nuestros oídos la música de cientos de tambores, del batir de palmas, la música primigenia que era el latido de la tierra. Se acercaba y se alejaba, era estridente y rápida o suave y lenta como un susurro... comenzamos a girar y girar alrededor del fuego, dando saltos y gritos cuando la música nos llevaba, deslizándonos y cimbreándonos como serpientes, al ritmo de los susurros, con suavidad...

"La vida es sensualidad, báilala. Siéntela... recorre cada poro de tu piel... es excitación... es fuego"

El sudor bañaba nuestros cuerpos, y miles de gotitas  se iluminaban por el reflejo de las llamas... éramos seres de luz danzando alrededor de la hoguera, girando y girando... nuestras sombras se recortaban en la arena, creciendo y empequeñeciéndose, girando en la rueda de la vida...

"La vida es muerte, es llanto, tormenta y cenizas... es el descanso en la tierra, es el frío...la muerte está contigo, vívela"

La música se vuelve frenética, la danza es cada vez más rápida... se acerca el climax... las llamas se alzan y su crepitar es más fuerte... nos envuelve la tormenta, arrecia el viento, lo tambores taladran los oídos... después, todo es oscuridad.

El mar es sólo un susurro, el fuego ya es sólo ascuas y cenizas, el viento ha parado y las estrellas han sido engullidas por un nuevo amanecer... tumbadas en la arena dejamos que las olas laman nuestras piernas, que refresquen el fuego, que disuelvan las cenizas...

"Sumérgete en las aguas. El océano es fuente y origen de toda vida. Es tu madre y es tu padre, te sanará las heridas... ahora devuélvele aquello con lo que cargas"

Y como un vómito sin principio ni fin, la rabia y el rencor comenzó a salir por mis manos, por mis ojos y por mi boca... una masa negra y viscosa, cuyos tentáculos habían aprisionado mi lengua, mi garganta, mi corazón y mi alma... una masa que iba cayendo al mar y desaparecía en él, como si nunca hubiera existido... a veces creí que me llevaba con ella, como si esa rabia contenida, cuya existencia desconocía, hubiera sido la razón de seguir adelante... pero el mar se la llevaba con él y yo quedé vacía... al final, sólo quedaron dos pequeñas y brillantes piedras negras. Kali lanzó una hacia el horizonte, al sol naciente. Yo lancé la otra.

"Esto es el principio del fin... aún habrás de ser cenizas, para renacer de nuevo".

domingo 18 de octubre de 2009

Once minutos



Apagar la luz. Cerrar las cortinas.

Pedirle que se quite la ropa. Quitarse también la suya.

La oscuridad física nunca es total.

Sacar dos pañuelos, cuidadosamente doblados... acercarse a él y pedirle que le vende los ojos. Él duda por un momento y comenta algo sobre algunos de los infiernos por los que ya pasó.Ella le dice que no se trata de eso, que simplemente necesita tener oscuridad total, que ahora es su turno de enseñarle algo, como ayer él le había enseñado sobre el dolor. Él se entrega, se pone la venda. Ella hace lo mismo. Están en la verdadera oscuridad, uno precisa de la mano del otro para llegar hasta la cama.

No, no debemos acostarnos. Vamos a sentarnos como siempre hemos hecho, frente a frente, sólo que un  poco más cerca, de modo que mis rodillas toquen tus rodillas.

Siempre quiso hacer esto, pero nunca tenía lo que necesitaba: tiempo.

Está harta, quiere que las semanas que faltan pasen rápidamente y por eso se entrega a ese hombre, porque allí está la luz de su propio amor escondido. El pecado original no fue la manzana que Eva comió, fue creer que Adán tenía que compartir exactamente lo que ella había probado. Eva tenía miedo de seguir su camino sin la ayuda de alguien, y entonces quiso compartir lo que sentía.

Ciertas cosas no se comparten. Tampoco se puede tener miedo de los océanos en los que nos sumergimos por nuestra libre voluntad, el miedo obstaculiza el juego de todo el mundo... Amémonos los unos a los otros, pero no intentemos poseernos los unos a los otros.

"Amo a este hombre que está frente a mí porque no lo poseo, y él no me posee. Somos libres en nuestra entrega (...)".

(...) El hombre también es una mujer, quiere encontrar a alguien, descubrir un sentido para su vida.

Me gustaría darle la felicidad de enseñarme algo nuevo, como lo que ayer me enseñó sobre el sufrimiento (..). Vi que es feliz cuando me hace aprender algo, entonces que me haga aprender, que me guíe. Me gustaría saber cómo se llega hasta el cuerpo, antes de llegar al alma, a la penetración, al orgasmo.

Extiende el brazo y le pide a él que haga lo mismo. Susurra unas pocas palabras, diciéndole que aquella noche, en aquel lugar de nadie, le gustaría que descubriese su piel, el límite entre ella y el mundo. Le pide que la toque, que la sienta con sus manos, porque los cuerpos se entienden, aunque las almas no siempre estén de acuerdo.

(...)

- Finalmente, me gustaría que entendieras mejor a los hombres. Hablas de expresar tu sexualidad femenina, de ayudarme a navegar por tu cuerpo, a tener paciencia, tiempo. Estoy de acuerdo, pero ¿ya se te ha ocurrido pensar que nosotros somos diferentes, por lo menos en lo que a tiempo se refiere?... No tenía valor para pedirte: enséñame tu cuerpo. Pero cuando te encontré, vi tu luz y te amé inmediatamente, pensé que a esas alturas de la vida ya no tenía nada más que perder si era honesto conmigo, y con la mujer que quería tener a mi lado.
¿Quién te ha dicho que los hombres sólo pensamos en el sexo? Al contrario, pasamos años de nuestra vida intentando hacernos creer a nosotros mismos que el sexo es importante... pero sabes una cosa? no entendemos nada. Creemos que sexo y eyaculación son lo mismo, pero no lo son.  No aprendemos porque no tenemos valor para decirle a una mujer: enséñame tu cuerpo. No aprendemos porque ella tampoco tiene el valor para decir: aprende cómo soy. Nos quedamos en el primitivo instinto de supervivencia de la especie, y eso es todo.


Extraído de "Once minutos" de Paulo Coelo

lunes 12 de octubre de 2009

Tiempo





Tiempo presente y tiempo pasado
se hallan quizá presentes en el tiempo futuro
y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es mera abstracción
quedando como eterna posibilidad
solamente en el mundo de la especulación.
Lo que pudo haber sido y lo que fue
apuntan a un solo fin, que está siempre presente.



T.S. Elliot 

domingo 27 de septiembre de 2009

Ermitaño

Poco ha poco he ido deshaciéndome de las ataduras. Ya no pertenezco a mis pensamientos, mis palabras ya no me definen. He vencido mis pasiones, desprendido del deseo. Mi cuerpo es sólo un vehículo. Para llegar a la luz me adentro en la oscuridad. Para llegar al éxtasis cultivo la indiferencia. Para llegar al amor a todo, me retiro en la soledad. Allí, en el último recoveco del Universo es donde abro mi alma como una flor de pura luz. Gratitud sin exigencia, la esencia de mi conocimiento es el conocimiento de la esencia.

Soy la hembra espiritual, la actividad infinita de la pasividad. Como una copa, ofrezco mi vacío para que sea colmado.

" Confiemos en en el tiempo,
que hace de los amargos momentos,
dulces reencuentros"
Miguel de Cervantes




Nota: El cuadro del Ermitaño es una obra original de Roberto Arenas Esquinca, pintor mexicano.