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Un montoncito de pequeños secretos que son como tesoros

14 marzo 2010


Lo tenía olvidado en la estantería. Un error terrible. Así que estos días, y hasta que pueda ir a desvalijar la casa del libro estoy tirando de libros que tengo en las estanterías, y que por una razón cualquiera, se habían quedado abandonados.

No llevaré más de 60 hojas, pues lo empecé el miércoles, y el viernes no leí. Pero lo que he leído hasta ahora me ha hecho sumergirme en  un mundo donde realidad y ficción se desdibujan y se funden en un torbellino de conversaciones y recuerdos:

"¿Adónde ahora? Si hubiese dispuesto en aquel momento de una varita de virtud, se me hubiera presentado al punto un pequeño y lindo salón estilo Luis XVI, en donde un par de buenos músicos me hubiesen tocado dos o tres piezas de Händel y de Mozart".

"Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente."

El lobo estepario
Hermann Hesse

¿Dónde termina la realidad y comienza la ficción?, ¿cuántas sorpresas más me aguardan?... ¿quizá algún ojo avizor descubra algún nuevo tesoro?... mientras seguiremos correteando en la oscuridad, bajo la lluvia, iluminados por la tenue luz de una farola, persiguiendo a la luna...

Siete palabras...

28 febrero 2010




Es una palabra. 
Las palabras son pálidas sombras de nombres olvidados. 
Los nombres tienen poder, y las palabras también. 
Las palabras pueden hacer prender el fuego en la mente de los hombres. 
Las palabras pueden arrancarles lágrimas a los corazones más duros. 
Existen siete palabras que harán que una persona te ame. 
Existen diez palabras que minarán la más poderosa voluntad de un hombre. 
Pero una palabra no es más que la representación de un fuego. 
Un nombre es el fuego en sí.

El nombre del viento

Patrick Rothfuss

Once minutos

18 octubre 2009



Apagar la luz. Cerrar las cortinas.

Pedirle que se quite la ropa. Quitarse también la suya.

La oscuridad física nunca es total.

Sacar dos pañuelos, cuidadosamente doblados... acercarse a él y pedirle que le vende los ojos. Él duda por un momento y comenta algo sobre algunos de los infiernos por los que ya pasó.Ella le dice que no se trata de eso, que simplemente necesita tener oscuridad total, que ahora es su turno de enseñarle algo, como ayer él le había enseñado sobre el dolor. Él se entrega, se pone la venda. Ella hace lo mismo. Están en la verdadera oscuridad, uno precisa de la mano del otro para llegar hasta la cama.

No, no debemos acostarnos. Vamos a sentarnos como siempre hemos hecho, frente a frente, sólo que un  poco más cerca, de modo que mis rodillas toquen tus rodillas.

Siempre quiso hacer esto, pero nunca tenía lo que necesitaba: tiempo.

Está harta, quiere que las semanas que faltan pasen rápidamente y por eso se entrega a ese hombre, porque allí está la luz de su propio amor escondido. El pecado original no fue la manzana que Eva comió, fue creer que Adán tenía que compartir exactamente lo que ella había probado. Eva tenía miedo de seguir su camino sin la ayuda de alguien, y entonces quiso compartir lo que sentía.

Ciertas cosas no se comparten. Tampoco se puede tener miedo de los océanos en los que nos sumergimos por nuestra libre voluntad, el miedo obstaculiza el juego de todo el mundo... Amémonos los unos a los otros, pero no intentemos poseernos los unos a los otros.

"Amo a este hombre que está frente a mí porque no lo poseo, y él no me posee. Somos libres en nuestra entrega (...)".

(...) El hombre también es una mujer, quiere encontrar a alguien, descubrir un sentido para su vida.

Me gustaría darle la felicidad de enseñarme algo nuevo, como lo que ayer me enseñó sobre el sufrimiento (..). Vi que es feliz cuando me hace aprender algo, entonces que me haga aprender, que me guíe. Me gustaría saber cómo se llega hasta el cuerpo, antes de llegar al alma, a la penetración, al orgasmo.

Extiende el brazo y le pide a él que haga lo mismo. Susurra unas pocas palabras, diciéndole que aquella noche, en aquel lugar de nadie, le gustaría que descubriese su piel, el límite entre ella y el mundo. Le pide que la toque, que la sienta con sus manos, porque los cuerpos se entienden, aunque las almas no siempre estén de acuerdo.

(...)

- Finalmente, me gustaría que entendieras mejor a los hombres. Hablas de expresar tu sexualidad femenina, de ayudarme a navegar por tu cuerpo, a tener paciencia, tiempo. Estoy de acuerdo, pero ¿ya se te ha ocurrido pensar que nosotros somos diferentes, por lo menos en lo que a tiempo se refiere?... No tenía valor para pedirte: enséñame tu cuerpo. Pero cuando te encontré, vi tu luz y te amé inmediatamente, pensé que a esas alturas de la vida ya no tenía nada más que perder si era honesto conmigo, y con la mujer que quería tener a mi lado.
¿Quién te ha dicho que los hombres sólo pensamos en el sexo? Al contrario, pasamos años de nuestra vida intentando hacernos creer a nosotros mismos que el sexo es importante... pero sabes una cosa? no entendemos nada. Creemos que sexo y eyaculación son lo mismo, pero no lo son.  No aprendemos porque no tenemos valor para decirle a una mujer: enséñame tu cuerpo. No aprendemos porque ella tampoco tiene el valor para decir: aprende cómo soy. Nos quedamos en el primitivo instinto de supervivencia de la especie, y eso es todo.


Extraído de "Once minutos" de Paulo Coelo

La granada y la Diosa... (P & P II)

20 septiembre 2009

(La inspiración para el siguiente relato apareció a raíz del relato que publicó mi amigo Nacho en su blog, y que podéis encontrar aquí, un relato cargado de pasión y belleza que me inspiró para querer contar la historia de Proserpina/Perséfone, desde su propia perspectiva... en este relato hay más, mucho más de lo que aparece a simple vista, pues el mito de Proserpina, como arquetipo, es el relato del despertar. Espero que os guste tanto leerlo como a mí me ha gustado escribirlo).

Nunca sentí su mirada, encendida de deseo, recorriendo mi piel... y es que, hasta aquel momento, sólo sentí el escalofrío de las gotas de lluvia acariciándome, y el calor del sol en mi espalda... no sabía de la furia de la pasión del hombre, del ansia del Dios.

Yo, que sólo conocí el amor de Madre, la luz del sol, la vida, la brisa y la risa, la alegría... la inocencia...
¿acaso podría la Sibila saber de mi destino?, ¿ver las tinieblas que envolverían mi sino?

Son pocos los recuerdos que me quedan del infausto día: sus manos ciñéndome con fuerza, de repente, invisible a mis ojos. Su aroma penetrante y su fuerza me rodearon y me dejaron exhausta: luche con todas mis fuerzas. Grité, arañé, empujé y golpeé... no fue suficiente, y de repente se hizo la oscuridad... y el silencio.

Y el manto impenetrable de la noche lo cubrió todo, y el silencio se hizo denso. Sólo sentí el frío del mármol que era ahora mi piel. Mi corazón. Mi pensamiento. Y a pesar de que mi corazón se volvió de piedra, sentí la levedad de las lágrimas recorriendo mi pétreo rostro, y bañar la comisura de mis labios.  Es mi último recuerdo a la entrada del Averno, navegando el Aqueronte.

No afloraron más recuerdos de esa impenetrable oscuridad que me cubrió cuando Plutón fue castigado por su osadía, y fui transformada en piedra. Pero un día desperté, y la piedra se hizo carne de nuevo, y bajé del pedestal en que me había colocado, en su sala del trono.

No era su prisionera, pero no había salida. Podía vagar por su infinito reino gris, donde no lucía la luz del sol, donde no corría la brisa, ni existía la alegría del color, del canto de los pájaros, ni el perfume de las flores. La tristeza lo impregnaba todo: lúgubre era también la antes cantarina agua de los ríos.

A veces lo sorprendía rondándome, se acercaba silencioso y me miraba. Una mirada cargada de infinita tristeza, y que yo correspondía con una mirada cargada de odio y de rabia, de dolor por los tesoros perdidos. No existía más que el silencio entre nosotros. En ese mundo gris yo ya sólo entendía de silencios.

Solía pasear sin rumbo, en un tiempo indefinido, pues allí el día y la noche dejaron de tener sentido. A veces me sentaba a las orillas del Acheron y dejaba que la nostalgia y la tristeza me envolvieran y me calaran, al igual que las diminutas gotas de agua que me salpicaban desde el río. Y me sumergía en aquellos recuerdos que poco a poco iban desapareciendo de mi mente, llevados por el agua... y es que a veces el dolor era tan insoportable que envidiaba a los habitantes de los Campos Elíseos, y mi único deseo era sumergirme en el Lethe, dejarme llevar por el olvido... con la esperanza de romper las cadenas de mis últimos recuerdos, y dejar atrás el dolor.

Pero yo, Diosa, hija del Dios de Dioses, era demasiado orgullosa, y no me dejé vencer por el desánimo  y comencé a planear la forma de huir, pues la idea de ser rescatada aparecía descabellada en mis pensamientos: ¿qué Dios osaría desafiar al hermano de Júpiter?, ¿quién se enfrentaría con el señor de los muertos cara a cara?.

Comencé a rondar la sala del trono, protegida en la penumbra  y la sombra de los rincones, huyendo de la tenue luz, escondiéndome tras las frías columnas.  Comencé a asistir a los juicios en los que era requerida su presencia, esperando encontrar entre sus palabras o en las de los jueces un resquicio, algo a lo que asirme para poder escapar, buscar una salida. Asistí a un juicio tras otro, en los que de forma firme, pero misericordiosa imponía castigos o premiaba, y es que sólo existía justicia en aquella sala. ¿Era ese el mismo Dios arrebatado de pasión el que ahora, sentado en un trono, tan cercano como distante, administraba el perdón a sus nuevos súbditos?

No sé cómo ocurrió, pero acabé rondando la sala del trono siempre que él estaba cerca. Ahora intuía su presencia cercana, y más de una vez me creí descubierta, cuando su miraba registraba las sombras que me ocultaban entre las columnas. Admiraba su mirada serena y su voz profunda... y mientras le miraba calmaba el ardor de la piel de mis mejillas contra el frío mármol. Había amor en su forma de hablar, comprensión... y un toque de tristeza en su mirada... Nadie escapa a la soledad del trono, a la tristeza de este mundo sin vida.

Comencé a ansiar su cercanía, y dejé de esconderme en las sombras, buscando su mirada. No me acerqué, las heridas eran profundas aún, y su mirada en la mía se posaba triste. Demasiado dolor acumulado, rencores que aún ardían como ascuas entre las cenizas. Y el tiempo seguía su discurrir sin forma...

Una vez, antes de comenzar un juicio, se me acercó... y sentí como mi alma y mi cuerpo comenzaron a temblar... "¿querríais acompañarme en el trono?, vuestra belleza y presencia haría más llevadera la dureza del juicio a los nuevos habitantes del Averno". Sólo pude admirar la belleza de sus ojos, rodeados de pequeñas arrugas, me preguntaba por la suavidad de las ondas de su cabello y su barba... por la timidez de su sonrisa cuando terminó de formular su petición. Asentí con la cabeza, incapaz de hacer surgir las palabras, casi ya olvidadas, de mis labios.

Y mi rutina gris varió al asistir a los juicios desde el trono, lo que no hizo más que acrecentar un sentimiento desconocido en mí. Recuperé el habla, sólo para los juicios, cuando él me pedía mi opinión ante un caso especialmente difícil, o cuando yo le pedía clemencia para alguien que me había conmovido. Una vez terminado, mis labios volvían a quedar sellados, pero las palabras brotaban a borbotones por mis ojos y mis manos... mi mirada le recorría y se deleitaba en él, en el ancho de su espalda, lo poderoso de sus hombros... la fuerza de sus brazos y piernas... el calor que prometía su pecho. Y él me devolvía esa mirada, triste al principio... y acompañada de una leve sonrisa después, que se iba haciendo mayor a medida que descubría mis ojos fijos en los suyos.

Y le sonreí. Un día le sonreí con mis ojos, con mi corazón, que había creído convertido en piedra,  con el temblor de mi piel, estremecida ante algo que jamás había sentido. Y es que sentada a su lado me dejaba envolver por su calor... y por el deseo que había vuelto a resurgir en él... un deseo que se había despertado en mí y que me era completamente desconocido. Me cogió de la mano tras el juicio,  y me invitó a acompañarlo, paseando por su reino, entre árboles plateados que se mecían en una brisa invisible, en las riberas del Estigia. Sentía su piel abrasando la mía, su mano me quemaba y el ardor de mis mejillas tiñeron de color la palidez que me seguía en mi cautiverio.

-"Sois compasiva y dulce, suave como un bálsamo para mi soledad y mi  tristeza... para la de todos nosotros. Siento haberte arrebatado a tu madre y todo el dolor que os he causado. Entendería que quisierais dejarnos, dejarme... si así lo deseáis os devolveré a vuestro mundo".
-"No, no" -dije, mientras posaba mi mano en sus labios... que respondieron con un beso en las yemas de mis dedos. Busqué su mirada, tristemente posada en el suelo, esperando una respuesta que le desgarrara el corazón sin piedad. Pero esa respuesta que él esperaba, aquella que yo creía que formularía a la menor oportunidad, no surgió de mis labios.
-"No quiero irme, éste es ahora mi sitio" dije, sosteniendo su cara entre mis manos, buscando su mirada con la mía.... sonriendo, temblando, y sintiendo que el mundo daba vueltas enloquecido y se detenía a la vez, sólo para nosotros, sólo para observarnos.
-"Sois una diosa, hija del Dios de Dioses, no puedo reteneros" dijo,  mientras se me escapaba de entre las manos y se dejaba caer a los pies de un granado, a las orillas del río.
Miré el granado, y sin pensar lo que hacía cogí uno de sus frutos, lo abrí y me comí tres granos, sabiendo las consecuencias de ese acto, pero dispuesta a cualquier cosa con tal de no perder el nuevo tesoro encontrado.
Me miró confundido: "¿pero sabéis lo que habéis hecho? Habéis tomado alimento del Averno, ahora estáis condenada a permanecer aquí".
Me arrodillé a su lado, y volviendo a tomar su cara entre mis manos, le sonreí:
"Claro que conozco las consecuencias de mi acto. Soy una Diosa, y yo elijo mi destino".

Y nuestros labios se fundieron, se unieron nuestros cuerpos y nuestras almas. Elegí mi destino, y escogí acompañarte en el Averno.

El Silencio...

31 agosto 2009

El Silencio es el título de la primera novela de Gaspar Hernández. Presentador de un programa en la radio de Cataluña que se llama "El oficio de vivir".

El Silencio no es, según palabras de su autor, un libro de autoayuda. Tampoco yo lo creo. Tal y como lo he visto yo al leer el libro, creo que trata de como una persona puede acabar con sus ideas preconcebidas. De como una persona, a través del estudio, la investigación y la experiencia personal puede acabar rompiendo con sus viejos tabúes y ampliar la concepción que tiene del mundo y de lo que le rodea.

Y es que antes de entrar en materia y hablar sobre el argumento del libro, me gustaría aclarar una cosa: si bien es cierto que catalogado como libros de autoayuda se ha publicado mucha basura, también se han publicado buenos libros procedentes de eminentes psicólogos y científicos. Y es que yo creo lo siguiente: la autoayuda es un género que sólo ayuda o guía, es uno mismo el que debe encontrar la solución a sus problemas. Y al igual que digo de un libro, pasa con las personas que van al psicólogo, terapeutas, etc: el psicólogo o terapeuta sólo te va a ayudar a encontrar una guía, pero el que tendrá que recorrer el camino de la curación es uno mismo. Esta es sólo mi opinión personal, basada en mi propia experiencia. Cada persona es un caso y un mundo diferente.

Y pasando al libro, en él el protagonista es el propio autor, y cómo debe enfrentarse a sus propios prejuicios cuando una amiga, antigua alumna de un monasterio Zen en Japón y que ahora trabaja como profesora de meditación en España, le pide ayuda para curarse de un cáncer. ¿Crees en la capacidad de la autocuración en el ser humano?, ¿cuál es la primera respuesta que te viene a la cabeza?, ¿y si alguien creyera que puede hacerlo?, ¿y si te demostraran que es algo que ya ha ocurrido antes, que hay personas que se han curado a sí mismas?.

El autor, a través de su investigación personal, su experiencia y la vida de su amiga se responde a esas preguntas. Yo busqué también mis respuestas.

¿Os apetece buscar las vuestras?

Querido Watson

21 agosto 2009

"Watson, puedes verlo todo. Sin embargo
tu error es razonar a partir de lo que ves".

- Sherlock Holmes -

Las cosas que no nos dijimos

14 agosto 2009

Él título del post es el título de la novela de Marc Levy que me regaló mi hermana María por mi cumpleaños. No voy a mentir: cuando lo ví pensé inmediatamente en que era una novela romántica, que personalmente, me dan "grimita" (es como Love Story, que nunca he visto completa, y cuya banda sonora, con sólo oir los primeros compases, hace que me ponga de los nervios).

Pero queridos, nunca hay que juzgar un libro por las tapas, y aunque sí que es cierto que en el libro hablan sobre el amor, el centro de la historia no es una relación romática, sino la relación entre un padre y su hija.

Y es que, como afirman muchos psicólogos, la primera relación romántica que establece una niña es la relación con su padre.

No voy a destripar el libro, pero desde que Futblo me conminó a que comentara otro libro que recomendó él en su blog, cada vez me va apeteciendo más la idea... comentar los libros que voy leyendo, pero deben ser estos calores, que me tienen la mar de perezosa.

Siendo realista, el libro no es ningún novelón, además de que tiene toda la pinta de carne de cañón para futuro guión de comedia romántica americana... pero hay un pero: toca la fibra sensible. Habla de segundas oportunidades, de recuperar el tiempo perdido entre un padre ausente y una hija esquiva...

Lectura ligera para el verano, para no pensar demasiado y pasar un rato agradable.

Modas editoriales

22 junio 2009

Esta sociedad de consumo que se guía por la moda del momento me asusta. El que en un momento dado todos vistamos según los dictados de los gurús del momento hace que parezcamos aún más borregos (y lo siento por el que se ofenda). Pero seguimos, prácticamente todos, las directrices que marcan las grandes compañías y unos cuantos "iluminados", ¿o no?.

Aunque la verdad, es que no me preocupa tanto la moda a nivel de vestido, como a nivel literario. Y es que desde hace algunos años, creo que prácticamente desde el lanzamiento de El Código Da Vinci (el súper éxito de ventas de Dan Brown), la "moda" ha llegado a las librerías. Con el éxito de éste libro se pusieron de moda los Templarios, y tuvimos templarios hasta en la sopa: miniseries de televisión, libros sobre los templarios, sobre sociedades secretas... más todo lo que el libro dio de sí: varios autores se dedicaron a escribir libros "descifrando las claves del Código Da Vinci", y otros tantos escribieron "desmintiendo el Código Da Vinci".

La semana pasada me dí una vuelta por un par de librerías, y salí asombrada por la cantidad de títulos sobre la misma temática: dos o tres títulos distintos sobre aventuras de vampiros adolescentes (en la línea de la saga de Crepúsculo, que sí, me leí y me enganché completamente... de vez en cuando la "literatura ligera" no viene mal), tres o cuatro libros sobre Hypatia (entiendo que salen a raíz del estreno en otoño de Ágora, la nueva película de Alejandro Amenábar -he visto el tráiler como tres veces y se me hace larga la espera hasta el estreno-), otros tantos títulos sobre niñ@s magos al estilo de Harry Potter... y así, un sinfín de títulos sobre la misma temática.

El poderoso caballero Don Dinero mueve todos los hilos, pero se me antoja complicado discernir cómo lo hacen las editoriales para anticipar un éxito como el de la saga de Crepúsculo, o cualquier otra, y lanzar, prácticamente a la vez, tres o cuatro libros similares. Vale, pongamos que el lanzamiento del primer libro es todo un éxito y el resto de editoriales se dan cuenta de que han encontrado a la gallina de los huevos de oro, ¿qué hacen? ¿llaman a escritores de "segunda fila" y les encargan libros similares, escritos en un plazo de tiempo ridículo? ¿dónde quedan la creatividad, la fantasía?¿cuándo el trabajo de investigación y documentación? (en este sentido siempre he creído que esta parte del trabajo es fundamental, aunque se trate de un libro fantástico).

Así, llegan a nuestras librerías cientos de libros iguales, con lo que la variedad y el gusto por otros temas queda para librerías en internet, o librerías especializadas. En ese sentido las librerías actuales me recuerdan a las grandes cadenas de salas de cine (participadas en su mayoría por productoras y distribuidoras): son solo un canal para consumo de masas en el que la opinión del espectador (o del lector) poco importa, y lo que marca la oferta es la caja registradora.

Y aún así lo llamamos cultura. Y no es que no lo sea, pero creo que deberíamos hacer más por exigir literatura de calidad, buscar la variedad y ampliar los horizontes, porque la cultura sirve para eso, para ampliar horizontes.

Murakami: Más allá de la realidad

11 junio 2009

Comencé a oir su nombre con insistencia en Octubre de 2008: "Presentación en España del nuevo libro de Haruki Murikami, After Dark".

No miento al afirmar que no había oído hablar de él en la vida, y de repente apareció en todos los medios: radio, televisión, internet... incluso algún amigo comenzó a hablarme de él. No me llamó nada la atención, hace unos meses estaba concentrada en otro tipo de libros. Pero un día, en un Vips, ví uno de sus libros "Kafka en la orilla" y me leí el resumen de la contraportada. No tenía mala pinta, pero volví a dejarlo en su sitio.

Y su nombre seguía sonando en los telediarios... y en cada tienda por la que pasaba veía el dichoso libro. Al cabo de dos semanas volví a ver el libro en una tienda en una estación de tren, y lo compré. Pensé: "este libro me persigue... creo ya es el momento de llevármelo a casa".

Hay quien dice que el que lee a Murakami, o se engancha, o suelta el libro y sale corriendo. Yo estoy completamente enganchada.

Haruki Murakami nació en Kioto a principios de 1949. Hijo de profesores de literatura en el Japón de la posguerra, estudió literatura y teatro griegos y su primer trabajo fué en una tienda de discos. Después abrió su propio club de jazz. Vivió en Europa y América.

Las pocas cosas que se saben de él, pues guarda celosamente su intimidad, se dejan sentir en sus libros. Sobre todo la música: cada uno de sus libros tiene su propia banda sonora.

Como dice el refrán: nadie es profeta en su propia tierra. Entre la élite literaria de Japón es tachado de "escritor pop", y sus libros de "surrealistas". En cambio, entre la juventud de su país, y en prácticamente todo Occidente, la aparición de un nuevo libro suyo se convierte en el acontecimiento del año. La razón de que Murakami mueva masas es, para mí, que en sus libros se reflejan angustias vitales por las que todos pasamos, sin que salgan de nosotros mismos.

Hasta ahora me he leído cuatro de los libros que están traducidos al español: "Tokio blues. Norwegian wood", "Kafka en la orilla", "Sauce ciego, mujer dormida" y "After Dark". En todos ellos priman los sentimientos de pérdida de uno mismo, la búsqueda de un sentido, el vacío, la tristeza, la soledad y el valor de lo efímero. Las historias son íntimas, los sentimientos flotan en el aire, la tristeza es como una niebla que lo envuelve todo y no deja ver con claridad. Y es en esa niebla donde el mundo real y la fantasía se diluyen, donde aparece ese toque irreal, bastante cercano a la mitología japonesa (como bien aparece reflejado en "Kafka en la orilla" y en alguno de los cuentos de "Sauce ciego, mujer dormida")... en sus libros aparecen espíritus (en la mitología japonesa hay millones, por ejemplo, cada uno de los fenómenos naturales es la manifestación de una deidad: vientos suaves, fuertes, ríos, montañas, árboles...), el símbolo del espejo (el reflejo de uno mismo como análisis de nuestro "otro yo"), animales con personalidad propia... ese toque de fantasía me recuerda a películas como "El Castillo ambulante" y "El viaje de Chihiro".

También me llama poderosamente su forma de tratar el sexo, o mejor dicho, cómo viven sus personajes el sexo: de forma suave, tranquila... no son encuentros apasionados, hasta podría decirse que sus personajes viven el sexo de forma muy cohibida, tal vez como reflejo de cómo viven los japoneses la sexualidad y el mundo de las emociones (represión, falta de contacto físico, no expresión de las emociones... al menos de puertas para afuera).

Personalmente, me encanta. Me ha ayudado a adentrarme en una sociedad tan hermética como la japonesa, llena de claroscuros. Hace que mi imaginación vuele.

Acaba de publicar su nueva novela: 1Q84. Ha vendido más de un millón de ejemplares en sólo 12 días. ¿Cuándo la tendremos en España?