Mostrando entradas con la etiqueta Dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dolor. Mostrar todas las entradas

Alguna vez, de pronto, me despierto...

10 julio 2009


Alguna vez, de pronto, me despierto:
Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.

Estoy sola, pero siempre estoy sola:
Es lo único cierto.
El amor era un huésped,
la soledad es siempre el compañero
que permanece al lado, inconmovible.
Lo único seguro, verdadero.
Oigo mi corazón, vieja campana
que dobla y que golpea,
que rebota en las sienes y en la nuca
y en la boca y los dedos.
Es cierto, tengo miedo.
Miedo de no poder gritar, de pronto,
de que ya sea demasiado tarde
para un ruego.
La costumbre ahoga las palabras
y alarga el desencuentro.
Ah, tantas cosas quedarán ocultas,
perdidas, sin recuerdo,
tantas palabras que no fueron dichas,
tantos gestos.

Unos dirán: Yo sé, la he conocido,
fue una ardiente rebelde,
se desolló las manos y la vida
por defender los que creyó más débiles.
Otros dirán: Yo sé, la he conocido,
era dura, malévola,
avara de ternura, con la boca
mostraba su desprecio.
Alguien dirá: Y cómo sonreía...
Qué importa
lo que vendrá después del gran silencio.
Claro que tengo miedo.
Así, en la madrugada
mientras algún dolor -un dolor, siempre-
va hincando sus agujas en mi cuerpo,
abro las manos en la sombra dulce
para atrapar mi soledad, de nuevo,
y me quedo a su lado, sin moverme,
con los ojos abiertos
la vida detenida.
Toda mi sangre es un temor inmenso.

Seguir sin ti

10 mayo 2009


Me voy a permitir la licencia de parafrasear un libro de Jorge Bucay y Silvia Salinas... otro libro más de los tantos que me han ayudado en mi camino, llegando en el momento justo, como siempre.

Y me voy a permitir dedicarles esta entrada a mi mejor amiga de la infancia, Inma, y a mi hermana virtual, Eva, cada una pasando su duelo particular... y me lo voy a dedicar a mí misma también, porque todas las despedidas, por pequeñas que sean, siempre escuecen.

Hace un par de semanas mi amigo Nacho me preguntó qué tenía de particular esta foto



para que tantas chicas en internet la tuvieran puesta en sus perfiles (yo en ese momento la tenía puesta en el messenger). Y lo que tiene esta foto es que expresa un estado de ánimo: sentimos que estamos completamente solas, queremos estar solas, y es como si nuestros pies colgaran del vacío, y a veces buscamos, sin éxito, una razón para seguir adelante.

Y es que muchas veces nos sentimos culpables por lo que ha pasado, y no hacemos más que darle vueltas a las cosas que podríamos haber hecho para que todo fuera diferente. A mí me costó mucho entenderlo, pero las cosas que ya han pasado, ni Dios puede hacer que vuelvan atrás (Nacho, concédeme este plagio, por favor).

Y no lo entenderemos ahora, pero con el paso del tiempo todo se pondrá en su sitio. Y ese agujero negro que ahora está en el pecho y que impide respirar, con el tiempo escocerá un poquito menos, y dejaremos de sentirnos en la oscuridad más absoluta...

El laberinto tiene una salida... sólo tenéis que abrir los ojos y seguir vuestra propia luz...


Peque... éste también es para tí... como muchos más...