Mostrando entradas con la etiqueta El viaje de Innana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El viaje de Innana. Mostrar todas las entradas

Ternura

17 julio 2010

Dirigido a ti.

Cuando hablas y dices cosas tan bonitas acerca de la vida  y de todo aquello que te pasa, siento admiración por tu lucidez y por tus formas mentales tan bien cultivadas. Cuando me cuentas lo que descubres con tus propias antenas de ver el mundo y enteder lo que a éste le ocurre, siento el poder de tus talentos que corre vigoroso por las neuronas de mi alma.

Cuando pones la letra a la música y cuando explicas tan agudamente lo que muy dentro nos pasa, sentimos la grandeza de entender la vida y abrir la mente a ideas expandidas y sensatas. Cuando en tus palabras pones la luz que necesitan mis sentimientos, a veces confusos por contradicciones internas, siento que eres un regalo que muestra las diferencias y separa el grano de las pajas.

Cuando te expresas sinceramente e inventas palabras nuevas, siento el reconocimiento de tu mente, siento tu sutil poder sobre las tinieblas. Cuando me acaricias con tus palabras dulces y sedosas, y me regalas susurros que me recuerdan la dimensión celeste de la existencia, te doy las gracias por saberme decir lo que un día soñé y que ahora, al nacer, serena mi alma.

Tus palabras son seguras, hermosas y bien calculadas...;  sin embargo, cuando me miras en silencio,  cuando posas en mis ojos tu mirada...,  todo se detiene atento, hasta las estrellas del cielo parecen paralizar su marcha. Cuando miras mis pupilas y mantengo tu mirada, se abre  un abismo infinito que me conmueve y arrastra.

Cuando contemplas una flor recién abierta o la mano arrugada de la anciana, siento tu grandeza, te reconozco como amor y percibo que has hecho un gran camino con el alma desnuda y descubierta.  Cuando contemplas al que sufre, cuando enfocas al que goza, veo algo más en ti, veo tu sabiduría ecuánime, descubro al ser que volvió a la luz atravesando las sombras.

Cuando miras al infinito y te abstraes en las blancas arenas de las playas, descubro la inmensidad que resuena en lo profundo de mi alma. No es tu talento lo que ahora me conmueve, no es tu excelencia lo que ahora me impresiona. En realidad, es el rostro de todos los inocentes y la llamada de la ternura suprema. Algo tan inefable como misterioso que brota desde lo más profundo del alma.

En tu silencio está el poder de mover la estrellas de mi pecho y de mi cara. Cuando miras con tanta consciencia lo que tu mente proyecta, parece que desnudas de ropajes superfluos todas las cosas que para protegerse se adornan. Tu mirada es el camino energético que los seres del Universo recorren para llegar al Profundo y, ya conscientes, vuelven a casa.

En realidad..., tu mirada basta.


Inteligencia del Alma

José María Doria

La mujer que vive en el fondo del lago

28 enero 2010



... Una noche
se oye un latido en la puerta.
Fuera, una mujer en la niebla
con cabellos de ramas y vestidos de hierbas,
chorreando verde agua del lago
Dice: "Soy tú
y vengo de muy lejos. 
Ven conmigo, quiero mostrarte una cosa..."
Da media vuelta para marcharse, se le abre la capa.
De pronto, una luz dorada... una luz dorada
por todas partes...

Clarissa Pinkola Estés

Kali

04 noviembre 2009

Su piel azul, perlada de agua y sal refulgía ante el fuego, nos habíamos dado un baño en las heladas aguas del Índico, dejando que el océano comenzara la limpieza.
De pie, una frente a la otra... en medio el fuego, y sobre nuestras cabezas el cielo tachonado de estrellas como testigo. Es inevitable sentirse inmensamente pequeña... ella es Tierra, Aire, Agua y Fuego, el Todo. Se oye el rugir de las olas, ir y venir, y sabes que es su sangre, aspiras el aire y sientes la calidez de su aliento, miras el fuego y ardes bajo su mirada... te sostienes en la tierra y es su piel la que te sostiene.

"Nada puede nacer de nuevo sin ser antes destruido. Para renacer deberás reducirte a cenizas. Yo soy la madre dadora de vida, yo soy la madre destructora. Soy muerte y soy vida"

La brisa marina trajo a nuestros oídos la música de cientos de tambores, del batir de palmas, la música primigenia que era el latido de la tierra. Se acercaba y se alejaba, era estridente y rápida o suave y lenta como un susurro... comenzamos a girar y girar alrededor del fuego, dando saltos y gritos cuando la música nos llevaba, deslizándonos y cimbreándonos como serpientes, al ritmo de los susurros, con suavidad...

"La vida es sensualidad, báilala. Siéntela... recorre cada poro de tu piel... es excitación... es fuego"

El sudor bañaba nuestros cuerpos, y miles de gotitas  se iluminaban por el reflejo de las llamas... éramos seres de luz danzando alrededor de la hoguera, girando y girando... nuestras sombras se recortaban en la arena, creciendo y empequeñeciéndose, girando en la rueda de la vida...

"La vida es muerte, es llanto, tormenta y cenizas... es el descanso en la tierra, es el frío...la muerte está contigo, vívela"

La música se vuelve frenética, la danza es cada vez más rápida... se acerca el climax... las llamas se alzan y su crepitar es más fuerte... nos envuelve la tormenta, arrecia el viento, lo tambores taladran los oídos... después, todo es oscuridad.

El mar es sólo un susurro, el fuego ya es sólo ascuas y cenizas, el viento ha parado y las estrellas han sido engullidas por un nuevo amanecer... tumbadas en la arena dejamos que las olas laman nuestras piernas, que refresquen el fuego, que disuelvan las cenizas...

"Sumérgete en las aguas. El océano es fuente y origen de toda vida. Es tu madre y es tu padre, te sanará las heridas... ahora devuélvele aquello con lo que cargas"

Y como un vómito sin principio ni fin, la rabia y el rencor comenzó a salir por mis manos, por mis ojos y por mi boca... una masa negra y viscosa, cuyos tentáculos habían aprisionado mi lengua, mi garganta, mi corazón y mi alma... una masa que iba cayendo al mar y desaparecía en él, como si nunca hubiera existido... a veces creí que me llevaba con ella, como si esa rabia contenida, cuya existencia desconocía, hubiera sido la razón de seguir adelante... pero el mar se la llevaba con él y yo quedé vacía... al final, sólo quedaron dos pequeñas y brillantes piedras negras. Kali lanzó una hacia el horizonte, al sol naciente. Yo lancé la otra.

"Esto es el principio del fin... aún habrás de ser cenizas, para renacer de nuevo".

Once minutos

18 octubre 2009



Apagar la luz. Cerrar las cortinas.

Pedirle que se quite la ropa. Quitarse también la suya.

La oscuridad física nunca es total.

Sacar dos pañuelos, cuidadosamente doblados... acercarse a él y pedirle que le vende los ojos. Él duda por un momento y comenta algo sobre algunos de los infiernos por los que ya pasó.Ella le dice que no se trata de eso, que simplemente necesita tener oscuridad total, que ahora es su turno de enseñarle algo, como ayer él le había enseñado sobre el dolor. Él se entrega, se pone la venda. Ella hace lo mismo. Están en la verdadera oscuridad, uno precisa de la mano del otro para llegar hasta la cama.

No, no debemos acostarnos. Vamos a sentarnos como siempre hemos hecho, frente a frente, sólo que un  poco más cerca, de modo que mis rodillas toquen tus rodillas.

Siempre quiso hacer esto, pero nunca tenía lo que necesitaba: tiempo.

Está harta, quiere que las semanas que faltan pasen rápidamente y por eso se entrega a ese hombre, porque allí está la luz de su propio amor escondido. El pecado original no fue la manzana que Eva comió, fue creer que Adán tenía que compartir exactamente lo que ella había probado. Eva tenía miedo de seguir su camino sin la ayuda de alguien, y entonces quiso compartir lo que sentía.

Ciertas cosas no se comparten. Tampoco se puede tener miedo de los océanos en los que nos sumergimos por nuestra libre voluntad, el miedo obstaculiza el juego de todo el mundo... Amémonos los unos a los otros, pero no intentemos poseernos los unos a los otros.

"Amo a este hombre que está frente a mí porque no lo poseo, y él no me posee. Somos libres en nuestra entrega (...)".

(...) El hombre también es una mujer, quiere encontrar a alguien, descubrir un sentido para su vida.

Me gustaría darle la felicidad de enseñarme algo nuevo, como lo que ayer me enseñó sobre el sufrimiento (..). Vi que es feliz cuando me hace aprender algo, entonces que me haga aprender, que me guíe. Me gustaría saber cómo se llega hasta el cuerpo, antes de llegar al alma, a la penetración, al orgasmo.

Extiende el brazo y le pide a él que haga lo mismo. Susurra unas pocas palabras, diciéndole que aquella noche, en aquel lugar de nadie, le gustaría que descubriese su piel, el límite entre ella y el mundo. Le pide que la toque, que la sienta con sus manos, porque los cuerpos se entienden, aunque las almas no siempre estén de acuerdo.

(...)

- Finalmente, me gustaría que entendieras mejor a los hombres. Hablas de expresar tu sexualidad femenina, de ayudarme a navegar por tu cuerpo, a tener paciencia, tiempo. Estoy de acuerdo, pero ¿ya se te ha ocurrido pensar que nosotros somos diferentes, por lo menos en lo que a tiempo se refiere?... No tenía valor para pedirte: enséñame tu cuerpo. Pero cuando te encontré, vi tu luz y te amé inmediatamente, pensé que a esas alturas de la vida ya no tenía nada más que perder si era honesto conmigo, y con la mujer que quería tener a mi lado.
¿Quién te ha dicho que los hombres sólo pensamos en el sexo? Al contrario, pasamos años de nuestra vida intentando hacernos creer a nosotros mismos que el sexo es importante... pero sabes una cosa? no entendemos nada. Creemos que sexo y eyaculación son lo mismo, pero no lo son.  No aprendemos porque no tenemos valor para decirle a una mujer: enséñame tu cuerpo. No aprendemos porque ella tampoco tiene el valor para decir: aprende cómo soy. Nos quedamos en el primitivo instinto de supervivencia de la especie, y eso es todo.


Extraído de "Once minutos" de Paulo Coelo

La granada y la Diosa... (P & P II)

20 septiembre 2009

(La inspiración para el siguiente relato apareció a raíz del relato que publicó mi amigo Nacho en su blog, y que podéis encontrar aquí, un relato cargado de pasión y belleza que me inspiró para querer contar la historia de Proserpina/Perséfone, desde su propia perspectiva... en este relato hay más, mucho más de lo que aparece a simple vista, pues el mito de Proserpina, como arquetipo, es el relato del despertar. Espero que os guste tanto leerlo como a mí me ha gustado escribirlo).

Nunca sentí su mirada, encendida de deseo, recorriendo mi piel... y es que, hasta aquel momento, sólo sentí el escalofrío de las gotas de lluvia acariciándome, y el calor del sol en mi espalda... no sabía de la furia de la pasión del hombre, del ansia del Dios.

Yo, que sólo conocí el amor de Madre, la luz del sol, la vida, la brisa y la risa, la alegría... la inocencia...
¿acaso podría la Sibila saber de mi destino?, ¿ver las tinieblas que envolverían mi sino?

Son pocos los recuerdos que me quedan del infausto día: sus manos ciñéndome con fuerza, de repente, invisible a mis ojos. Su aroma penetrante y su fuerza me rodearon y me dejaron exhausta: luche con todas mis fuerzas. Grité, arañé, empujé y golpeé... no fue suficiente, y de repente se hizo la oscuridad... y el silencio.

Y el manto impenetrable de la noche lo cubrió todo, y el silencio se hizo denso. Sólo sentí el frío del mármol que era ahora mi piel. Mi corazón. Mi pensamiento. Y a pesar de que mi corazón se volvió de piedra, sentí la levedad de las lágrimas recorriendo mi pétreo rostro, y bañar la comisura de mis labios.  Es mi último recuerdo a la entrada del Averno, navegando el Aqueronte.

No afloraron más recuerdos de esa impenetrable oscuridad que me cubrió cuando Plutón fue castigado por su osadía, y fui transformada en piedra. Pero un día desperté, y la piedra se hizo carne de nuevo, y bajé del pedestal en que me había colocado, en su sala del trono.

No era su prisionera, pero no había salida. Podía vagar por su infinito reino gris, donde no lucía la luz del sol, donde no corría la brisa, ni existía la alegría del color, del canto de los pájaros, ni el perfume de las flores. La tristeza lo impregnaba todo: lúgubre era también la antes cantarina agua de los ríos.

A veces lo sorprendía rondándome, se acercaba silencioso y me miraba. Una mirada cargada de infinita tristeza, y que yo correspondía con una mirada cargada de odio y de rabia, de dolor por los tesoros perdidos. No existía más que el silencio entre nosotros. En ese mundo gris yo ya sólo entendía de silencios.

Solía pasear sin rumbo, en un tiempo indefinido, pues allí el día y la noche dejaron de tener sentido. A veces me sentaba a las orillas del Acheron y dejaba que la nostalgia y la tristeza me envolvieran y me calaran, al igual que las diminutas gotas de agua que me salpicaban desde el río. Y me sumergía en aquellos recuerdos que poco a poco iban desapareciendo de mi mente, llevados por el agua... y es que a veces el dolor era tan insoportable que envidiaba a los habitantes de los Campos Elíseos, y mi único deseo era sumergirme en el Lethe, dejarme llevar por el olvido... con la esperanza de romper las cadenas de mis últimos recuerdos, y dejar atrás el dolor.

Pero yo, Diosa, hija del Dios de Dioses, era demasiado orgullosa, y no me dejé vencer por el desánimo  y comencé a planear la forma de huir, pues la idea de ser rescatada aparecía descabellada en mis pensamientos: ¿qué Dios osaría desafiar al hermano de Júpiter?, ¿quién se enfrentaría con el señor de los muertos cara a cara?.

Comencé a rondar la sala del trono, protegida en la penumbra  y la sombra de los rincones, huyendo de la tenue luz, escondiéndome tras las frías columnas.  Comencé a asistir a los juicios en los que era requerida su presencia, esperando encontrar entre sus palabras o en las de los jueces un resquicio, algo a lo que asirme para poder escapar, buscar una salida. Asistí a un juicio tras otro, en los que de forma firme, pero misericordiosa imponía castigos o premiaba, y es que sólo existía justicia en aquella sala. ¿Era ese el mismo Dios arrebatado de pasión el que ahora, sentado en un trono, tan cercano como distante, administraba el perdón a sus nuevos súbditos?

No sé cómo ocurrió, pero acabé rondando la sala del trono siempre que él estaba cerca. Ahora intuía su presencia cercana, y más de una vez me creí descubierta, cuando su miraba registraba las sombras que me ocultaban entre las columnas. Admiraba su mirada serena y su voz profunda... y mientras le miraba calmaba el ardor de la piel de mis mejillas contra el frío mármol. Había amor en su forma de hablar, comprensión... y un toque de tristeza en su mirada... Nadie escapa a la soledad del trono, a la tristeza de este mundo sin vida.

Comencé a ansiar su cercanía, y dejé de esconderme en las sombras, buscando su mirada. No me acerqué, las heridas eran profundas aún, y su mirada en la mía se posaba triste. Demasiado dolor acumulado, rencores que aún ardían como ascuas entre las cenizas. Y el tiempo seguía su discurrir sin forma...

Una vez, antes de comenzar un juicio, se me acercó... y sentí como mi alma y mi cuerpo comenzaron a temblar... "¿querríais acompañarme en el trono?, vuestra belleza y presencia haría más llevadera la dureza del juicio a los nuevos habitantes del Averno". Sólo pude admirar la belleza de sus ojos, rodeados de pequeñas arrugas, me preguntaba por la suavidad de las ondas de su cabello y su barba... por la timidez de su sonrisa cuando terminó de formular su petición. Asentí con la cabeza, incapaz de hacer surgir las palabras, casi ya olvidadas, de mis labios.

Y mi rutina gris varió al asistir a los juicios desde el trono, lo que no hizo más que acrecentar un sentimiento desconocido en mí. Recuperé el habla, sólo para los juicios, cuando él me pedía mi opinión ante un caso especialmente difícil, o cuando yo le pedía clemencia para alguien que me había conmovido. Una vez terminado, mis labios volvían a quedar sellados, pero las palabras brotaban a borbotones por mis ojos y mis manos... mi mirada le recorría y se deleitaba en él, en el ancho de su espalda, lo poderoso de sus hombros... la fuerza de sus brazos y piernas... el calor que prometía su pecho. Y él me devolvía esa mirada, triste al principio... y acompañada de una leve sonrisa después, que se iba haciendo mayor a medida que descubría mis ojos fijos en los suyos.

Y le sonreí. Un día le sonreí con mis ojos, con mi corazón, que había creído convertido en piedra,  con el temblor de mi piel, estremecida ante algo que jamás había sentido. Y es que sentada a su lado me dejaba envolver por su calor... y por el deseo que había vuelto a resurgir en él... un deseo que se había despertado en mí y que me era completamente desconocido. Me cogió de la mano tras el juicio,  y me invitó a acompañarlo, paseando por su reino, entre árboles plateados que se mecían en una brisa invisible, en las riberas del Estigia. Sentía su piel abrasando la mía, su mano me quemaba y el ardor de mis mejillas tiñeron de color la palidez que me seguía en mi cautiverio.

-"Sois compasiva y dulce, suave como un bálsamo para mi soledad y mi  tristeza... para la de todos nosotros. Siento haberte arrebatado a tu madre y todo el dolor que os he causado. Entendería que quisierais dejarnos, dejarme... si así lo deseáis os devolveré a vuestro mundo".
-"No, no" -dije, mientras posaba mi mano en sus labios... que respondieron con un beso en las yemas de mis dedos. Busqué su mirada, tristemente posada en el suelo, esperando una respuesta que le desgarrara el corazón sin piedad. Pero esa respuesta que él esperaba, aquella que yo creía que formularía a la menor oportunidad, no surgió de mis labios.
-"No quiero irme, éste es ahora mi sitio" dije, sosteniendo su cara entre mis manos, buscando su mirada con la mía.... sonriendo, temblando, y sintiendo que el mundo daba vueltas enloquecido y se detenía a la vez, sólo para nosotros, sólo para observarnos.
-"Sois una diosa, hija del Dios de Dioses, no puedo reteneros" dijo,  mientras se me escapaba de entre las manos y se dejaba caer a los pies de un granado, a las orillas del río.
Miré el granado, y sin pensar lo que hacía cogí uno de sus frutos, lo abrí y me comí tres granos, sabiendo las consecuencias de ese acto, pero dispuesta a cualquier cosa con tal de no perder el nuevo tesoro encontrado.
Me miró confundido: "¿pero sabéis lo que habéis hecho? Habéis tomado alimento del Averno, ahora estáis condenada a permanecer aquí".
Me arrodillé a su lado, y volviendo a tomar su cara entre mis manos, le sonreí:
"Claro que conozco las consecuencias de mi acto. Soy una Diosa, y yo elijo mi destino".

Y nuestros labios se fundieron, se unieron nuestros cuerpos y nuestras almas. Elegí mi destino, y escogí acompañarte en el Averno.

Érase una vez...

10 julio 2009


Érase una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día, una mujer lo vió y se enamoró de él. Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más deprisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.

Pero entonces pensó:"¡Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!". Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, envidia de la capacidad de volar del pájaro.

Y se sintió sola.

Y pensó: "¡Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse!".

El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en una jaula.

Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban lo afortunada que era. Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo y se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.

Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes.

Si profundizase en sí misma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.

Sin el pájaro, su vida también perdió el sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. "¿Por qué has venido?", le preguntó a la muerte.
"Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo -respondió la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y amarías todavía más. Sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo".

Once Minutos

Ésta es la verdadera experiencia de la libertad: tener lo más importante del mundo, sin poseerlo.




Himno a Isis

26 mayo 2009


Porque soy la primera y la última,

yo soy la venerada y la despreciada,

yo soy la prostituta y la santa,

yo soy la esposa y la virgen,

yo soy la madre y la hija,

yo soy los brazos de mi madre,

yo soy la estéril y numerosos son mis hijos,

yo soy la bien casada y la soltera,

yo soy la que da a luz y la que jamás procreó,

yo soy el consuelo de los dolores del parto,

yo soy la esposa y el esposo,

y fue mi hombre quien me creó,

yo soy la madre de mi padre,

soy la hermana de mi marido,

y él es mi hijo rechazado.

Respetadme siempre,

porque yo soy la escandalosa y la magnífica.


Himno a Isis, siglos III o IV (descubierto en Nag Hammadi)

Magia

10 mayo 2009


Cada una tenemos nuestra magia especial.

El secreto consiste en usarla de forma que,

en cualquier esfera que nos encontremos,

no dejemos de llevarla con nosotras.

Parálisis por análisis

26 marzo 2009

Este post está relacionado con el anterior, porque para mí, sólo se alcanza la verdadera madurez cuando dejamos de analizar algo, una y otra vez, y comenzamos a actuar. Quizá por eso a mí me quede mucho por madurar.

Las palabras son de Martín Castro:

"Muchas veces, cuando miramos mucho un problema, nos olvidamos de la solución. Es como estar en el desierto muriéndonos de sed, llegar a un oasis con agua y seguir contando lo sediento que estamos... en lugar de beber!
Si se lo hubiera captado en su esencia... el problema ya no existiría! Así, las largas descripciones de un problema no se encaminan hacia su solución. Cuando hablamos y hablamos sobre un problema, estamos contando nuestra manera de ver el mundo: una visión que -por supuesto- reforzará y justificará dicho problema, malgastando nuestra energía en lugar de conservarla para la solución.
Un problema encierra también su solución. Si vemos el problema sólo como problema no vemos el Todo y terminamos sabiendo mucho acerca del problema... pero nada de su solución.
Necesitamos redireccionar nuestra mirada y ampliarla con la intuición. Intuición que se activa cuando nuestra energía no se disipa en largas explicaciones. Si captamos la solución, ¿de qué nos sirve saber tanto del problema?"

Aún así, gracias a todos los que me han ayudado a darme cuenta de cuáles son mis problemas, que me han enseñado que hay otros caminos.

Dependencias

22 marzo 2009

Digamos que me estoy leyendo un libro de medicina, que habla de cómo las dependencias, tanto físicas como mentales, nos afectan en la sociedad que hemos creado. Dependencia al trabajo, a la opinión de los demás, dependencias de unos ideales sociales, físicos y económicos que nos han inculcado desde que éramos pequeños... dependencia de la comida, dependencia de la rutina diaria...

Y digamos que salgo del trabajo con una amiga, y va y me suelta: "hasta este domingo no me había dado cuenta de la dependencia que tengo de mi rutina diaria, y lo mucho que me cuesta romperla y luego me afecta, tanto psíquica como físicamente... aunque disfrute muchísimo haciéndolo".

Voilá. Se hizo la magia... me encanta.

Me encanta darme cuenta de estos pequeños detalles que se ponen en mi camino. Me gusta también darme cuenta de que estoy rodeada de personas que se plantean los mismos temas que yo, aunque la mayoría de las veces sea fráncamente difícil hablar sobre esto ("si lo cuento la gente pensará que soy un bicho raro.. que vaya cosas que se me ocurren").

Dependo del qué dirán, mi madre depende de ello, y mi padre, mi abuela, mis hermanos, mucha gente que conozco... muchos pensamos que los pensamientos de los demás están centrados en nosotros, para bien o para mal. No es así, pero no nos damos cuenta, porque, en el fondo, a veces, nos gustaría que fuera así, que fuésemos tan importantes para los otros, que sus pensamientos fuesen para nosotros. Eso alimenta nuestro ego. Pero, si realmente mis pensamientos, la mayoría de las veces giran en torno a mi propio ombligo, ¿por qué los pensamientos de los demás deberían ser distintos?... darse cuenta de una dependencia así es un paso para su solución, pero ésta no llega más que con una férrea voluntad para cambiar nuestra forma de pensar.

Dependo del trabajo, de una idea de triunfo y éxito valorada en una posición social y económica. En la idea del que más trabaja y se sacrifica consigue su recompensa, una recompensa que al final no llena, está vacía, porque en esa lucha por el triunfo me he dejado atrás lo que más me importa, que, dejémonos de tonterías, soy yo. Y entendamos este "lo que más me importa soy yo", como un egoísmo sano, un "preocuparse por uno mismo, por mis sentimientos, mis sensaciones y mis deseos, como medio para conocerme a mí mismo y obtener lo mejor de lo que pueda dar, tanto a mí mismo como a los demás".

Dependo de la comida, como un escudo protector frente a mi inseguridad frente al mundo. Buscando llenar con la comida un vacío que se debe llenar con amor hacía mí misma, cuidándome, cuidando lo que me rodea, dándome cuenta de que soy importante, de que me merezco todo lo bueno que pueda imaginar y más, al igual que cualquiera.

Dependo del amor mal entendido. De un amor mostrado como atención constante, ansia de un amor que es dependencia hacia mí, y mía hacia los demás. Quizás este sea una de las dependencias más difíciles de romper. A veces, parece que la única solución es romper con todo y aislarse, para aprender a autodepender de uno mismo, y cuando los huecos han comenzado a llenarse, volver a salir al mundo, para seguir llenándonos ayudando a los demás a rellenar los resquicios que queden entre sus vacíos que ya no son tales, y que ellos nos ayuden a nosotros.

Dependo de la idea de que debo ser buena hermana, amiga, madre, compañera y esposa, anteponiendo las necesidades de los demás a las mías, pues es lo que me han enseñado que debo hacer. Y a veces acabas dándote tanto a los demás que ya no te queda nada para darte a tí misma, y el amor que se suponía que dabas se acaba transformando en rencor, por que fuí yo la que no supo parar a tiempo.

Asumir que casi todos, en cierta medida, sufrimos de estas dependencias, es sólo un pequeño paso. Si día a día lo único que queremos es quedarnos en la cama y no levantarnos, no enfrentarnos a nuestro jefe, a la vida que hemos escogido, si tenemos dudas... quizá sea hora de cambiar, arriesgarse y seguir nuestro instinto.

Es difícil encontrar la motivación para cambiar, para asumir nuestros fallos, para hacer algo para cambiarlos, o para buscar ayuda para hacerlo, para seguir adelante con la decisión tomada... todo es cuestión de ser valientes, pero ese valor puede estar atado por todas las cuerdas de nuestras dependencias...

Saludo al Buda que hay en ti

14 diciembre 2008


Saludo al Buda que hay en ti.
Puede que no seas consciente de ello, puede que ni siquiera lo hayas soñado,
pero eres perfecto, y nadie puede ser otra cosa.
El estado de Buda es el centro exacto de tu ser,
no es algo que tiene que suceder en el futuro,
ya ha sucedido.

Pero estás profundamente dormido, no sabes quién eres.
No es que tengas que convertirte en alguien,
únicamente tienes que reconocerlo,
tienes que volver a tu propia fuente, tienes que mirar dentro de ti mismo.
Permite que tu corazón sepa que eres perfecto.
Ya sé que puede parecer presuntuoso, puede parecer muy hipotético,
no puedes confiar en ello totalmente.
Es natural. Lo comprendo.

Pero permite que esta idea se deposite en tí como una semilla,
y en torno a ese hecho comenzarán a suceder muchas cosas
y podrás comprender algunas cosas.

Con esta visión en la mente: que eres perfecto,
que eres un Buda floreciendom nada falta, todo está listo,
sólo hay que poner las cosas en el orden correcto.

Lo único que necesitas es un poco más de consciencia...
El tesoro está ahí, tienes que traer un apequeña lámpara contigo.

Una vez que la oscuridad desaparezca, dejarás de ser un mendigo,
serás un Buda. Serás un soberano, serás un emperador.
Todo el reino es para ti, sólo tienes que reclamarlo.
Pero claro, no puedes reclamarlo si crees que eres un mendigo.
No puedes reclamarlo, no puedes ni siquiera soñar con reclamarlo
si te sientes un mendigo.
Esta idea de que eres un mendigo, de que eres ignorante,

de que eres un pecador, ha sido predicada desde tantos púlpitos
a través de los tiempos que se ha convertido en una profunda hipnosis en ti.

Esta hipnosis debe ser desbaratada.

Y es justamente para romperla que comienzo con este saludo:

Saludo al Buda que hay en ti.



Realización y perfección

20 noviembre 2008

Una persona sabia dijo una vez que el objetivo del principio masculino era la perfección, y que el objetivo del principio femenino era la realizacion, la terminación. Si eres perfecta, no puedes estar realizada, completa, porque debes omitir todas las imperfecciones de tu naturaleza.
Si estás realizada, completa, no puedes ser perfecta, porque estar completa significa contener tanto el bien como el mal, el acierto y el error, la esperanza y la desesperanza.

Así que tal vez sea mejor contentarse con algo menos que la perfección y algo menos que la realización. Quizá tengamos que estar más dispuestos a aceptar la vida como nos viene.

June Singer

La Tristeza

16 noviembre 2008


Inspira, siéntela;

expira, libérala.

Inspira

y una lágrima corre por tu rostro;

expira y sientes gratitud por su calor.

Inspira y sonríe.

Sé buena contigo misma,

da pasitos pequeños.


Thich Nhat Hahn - monje budista